Existe un amplio movimiento contra la denominada obsolescencia programada, que sin estar exento de razón, está a mi entender olvidando algunos detalles importantes. Veamos….

La obsolescencia, entendida como pérdida de utilidad, es algo inherente a la trepidante evolución de la sociedad avanzada en la que vivimos. El necesario desarrollo económico y tecnológico hace que cualquier producto tenga una vida útil marcada por su obsolescencia técnica y económica. Por tanto, no tiene sentido diseñar productos con la intención de que lleguen más allá de dicha obsolescencia natural que, de forma irremediable, acabará por producirse. Es más, intentarlo puede suponer sobrecostes que el mercado no estará dispuesto a aceptar. En este contexto el ritmo de innovación y el crecimiento económico hace que el diseño para una vida finita sea un imperativo.

Otra cosa es forzar artificialmente la obsolescencia mediante mecanismos distintos a los descritos, en esto no podría estar de acuerdo; pero tampoco tiene sentido pedir productos de vida eterna puesto que, en el mejor de los casos y suponiendo que se pudieran producir a un coste aceptable, se bloquearía la innovación y el crecimiento económico llevándonos a una situación parecida a la medieval cuando, por ejemplo, las herramientas de una familia de artesanos podían pasar de padres a hijos sin perder utilidad. ¿tendríamos hoy bombillas led de muy bajo consumo si las viejas bombillas incandescentes se hubieran fabricado para una vida infinita? ¿No las hemos finalmente prohibido en una especie de obsolescencia por causa legal?

La obsolescencia nos hace avanzar y mejorar; es intrínseca a la propia naturaleza. Basta pensar en nuestra vida, limitada y adaptada a la obsolescencia de nuestras capacidades. Sin la obsolescencia no habría tampoco evolución natural. No es sorprendente entonces que la solución a este aparente dilema esté en la propia naturaleza, y se llama economía circular.

La secuencia lineal comprar-usar-tirar-comprar no es la única posible. La economía circular propone copiar el ciclo natural a través del reciclaje y la reutilización de los materiales, pero no necesariamente alargando la vida de los productos sin fecha de caducidad. No se trata pues de que un producto no se vuelva obsoleto, eso es del todo inevitable, sino de copiar el ciclo vital de la naturaleza y crear productos que faciliten la reutilización de los materiales, ¿o es que acaso no somos nosotros mismos polvo de estrellas? También podemos crear nuevos modelos de negocio para alargar la vida útil de los productos, retrasando su obsolescencia mediante sucesivas actualizaciones y pasando de la venta al alquiler, pero cuando ésta llegue quedará el reciclaje de sus partes para la creación de nuevos productos más avanzados.

La solución pues no es demonizar la obsolescencia, sino trabajar por el tránsito a una economía circular que permita compatibilizar la innovación permanente y el crecimiento económico, con el reconocimiento de que habitamos en un sistema cerrado y de recursos limitados llamado Tierra.   Os recomiendo visitar la excelente web de la Fundación Ellen MacArthur sobre economía circular.

Xavier Ayneto

 

 

 

 

    Xavier Ayneto
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