Existe un claro consenso sobre el efecto positivo que la innovación tiene sobre el desarrollo económico y la competitividad, no sólo de las empresas, sino también de las naciones. Pero ¿cómo se debe entender la innovación desde la perspectiva de la PYME, y en un contexto económico como el actual?

El primer paso para desarrollar la innovación como motor de creación de valor y riqueza -en forma de nuevos productos, servicios, modelos de negocio y por ende, de empleo de calidad-, es entenderla como un hecho económico y social, que trasciende la tecnología. La I+D y la innovación tecnológica son una parte importante, pero no la única componente de la innovación en un sentido empresarial.

Existe un gran ámbito de innovación no tecnológica, sin el cual la innovación basada en la I+D tecnológica, no podría generar valor de mercado. En una situación de crisis, con recursos escasos, es mucho más efectivo buscar innovaciones próximas al mercado, con mayor potencial para generar retornos a corto plazo, que aquellas basadas en el desarrollo de nuevo conocimiento[1]. Sin duda, la innovación centrada en las necesidades de los usuarios, sean éstos personas físicas o empresas, es el camino más corto y de menor riesgo para dicho propósito.

En los últimos tiempos se han dado numerosos ejemplos de esta realidad; productos desarrollados por PYMES, como la gallega Blue:Sens, la aragonesa Imaginarium, o la catalana AUSA entre otras muchas, son claros ejemplos de cómo, con tecnologías existentes, pueden crearse productos altamente innovadores y de gran impacto comercial. Pero, ¿dónde está la clave?

 
La innovación centrada en las necesidades reales del usuario se materializa a través del diseño. Así lo ha entendido la Unión Europea, que en su reciente documento “El diseño como motor de la innovación centrada en el usuario” [1] propone una nueva visión del diseño como herramienta para desarrollar una innovación eficaz y eficiente, con resultados a corto y medio plazo en un entorno de recursos escasos.  En el mencionado documento, se presenta el diseño desde una perspectiva mucho más amplia que la meramente estética con la que sueleasociarse este término. Ello supone avanzar desde el diseño entendido como una característica incorporada a un objeto, hacia el diseño como proceso, y aún más, hacia el diseño como estrategia.
 
Design thinking
 
En este contexto emergen nuevos conceptos que ahora empiezan a imponerse con fuerza como el eco-diseño, para la creación de productos medioambientalmente sostenibles, la gestión del diseño entendido como proceso, o el design thinking, una nueva forma de abordar los problemas empresariales desde la creatividad.
 
El diseño pasa así a englobar también aspectos económicos, sociales y medioambientales, con un enfoque multidisciplinar integrado en la dinámica de la propia empresa. En este nuevo enfoque, el diseño se aplica a los bienes, los servicios, los sistemas, los ambientes, o la comunicación. En definitiva, el diseño abraca todo lo que implica la interacción con el usuario, para mejorar su experiencia de uso y rendimiento, y no sólo los objetos físicos. Siguiendo esta línea de pensamiento, en (2) se da la siguiente definición para esta nueva visión del diseño: “Para la innovación centrada en el usuario, el diseño es la actividad de concebir y desarrollar un plan para un producto, servicio o sistema, nuevo o mejorado de manera significativa, que garantice la mejor interfaz con las necesidades, aspiraciones y capacidades de los usuarios, y que permita considerar los aspectos de sostenibilidad económica, social y medioambiental”.

Esta nueva visión del diseño fue sometida a consulta pública[1] por la Comisión Europea, siendo aceptada por el 78% de las organizaciones y el 86% de las personas físicas como base para integrar el diseño en el desarrollo de las políticas europeas de innovación. El diseño, como conductor y posibilitador de una innovación mucho más centrada en las necesidades de los usuarios, junto a otras formas de innovación no tecnológica, como la centrada en los nuevos modelos de negocio o en el marketing, que complementan a la innovación tradicionalmente basada en la I+D, son pues temas que merecen especial atención por parte de las administraciones públicas.

 En resumen…

El diseño es una de las principales fuentes de competitividad para las PYMES, especialmente en el actual contexto de crisis. Constituye el necesario puente de unión entre la creatividad y la materialización de innovaciones centradas en los usuarios. Con un enfoque multidisciplinar que integra las necesidades humanas con las posibilidades tecnológicas y la transmisión de un significado, el diseño, entendido como proceso empresarial y no como preciosismo estético, generar una óptima experiencia de uso y permite aumentar el valor del producto y/o servicio que ofrecen las empresas a un coste mínimo.

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Xavier Ayneto Gubert
xayneto@ideas2value.net

 


1 Peter F. Drucker. “La innovación y el empresariado innovador”. Ed. Apóstrofe.

2 SEC [2009] 501 final: Design as a driver of user-centred innovation.

3 Results of the public consultation on design as a driver of user-centered innovation. Octubre 2009