En no pocas ocasiones se asocia la innovación únicamente a la capacidad de generar ideas. Sin embargo la innovación no surge sólo de la capacidad creativa, sino más bien de la habilidad para hacer coincidir dichas ideas con una oportunidad real de mercado; es de la confluencia entre ideas y oportunidades de donde surge la verdadera innovación.  La empresa que desea competir en un mundo permanentemente cambiante debe estar atenta a las oportunidades que aparecen en su entorno a fin de transformarlas, de forma creativa, en valor para ella misma, para sus clientes, y para la sociedad. Pero ¿Cómo puede una empresa estar atenta a las nuevas oportunidades? ¿Cuáles son las fuentes de dichas oportunidades? ¿Cómo puede obtener el mayor retorno de su inversión en innovación? ¿Quién puede ayudarle en su esfuerzo por innovar?

La habilidad de la empresa para estar atenta a los diversos flujos de información exterior, analizarlos, transformarlos en conocimiento útil y tomar decisiones a partir de ellos, constituye sin duda una competencia clave para el éxito. La vigilancia es el proceso sistemático que materializa dicha competencia dentro de una organización a través de la observación, análisis y difusión de información relevante sobre hechos del entorno tecnológico, económico, social y económico. Vigilar supone un esfuerzo necesario, tanto para identificar nuevas oportunidades de desarrollo, como para prever y neutralizar amenazas que puedan aparecer condicionando la supervivencia futura de la empresa.

 

Pero la innovación es un hecho empresarial, no meramente tecnológico, que exige prestar atención a otros factores, como son la evolución de los competidores, actuales y potenciales, el desarrollo de los mercados globales, e incluso los cambios generales en las tendencias económicas, sociales y legislativas. Por tanto la vigilancia debe desarrollarse al menos en tres ámbitos adicionales, el competitivo, el comercial y el del entorno, a fin de poder identificar las oportunidades existentes para la innovación.

 

No obstante, la variedad y cantidad de flujos de información hace imposible un seguimiento exhaustivo de todos ellos, siendo indispensable focalizar los esfuerzos de vigilancia. Debe evitarse a toda costa, caer en un estado de intoxicación, incluso de parálisis, frente a un exceso de información. El único modo para conseguirlo es elegir unos ejes de vigilancia adecuados, alineados con la propia estrategia empresarial, así como concretar las fuentes de información relevantes y confiables. Sin un foco  estratégico definido es imposible saber qué mirar y hacia dónde hacerlo; la vigilancia se hace entonces imposible por inabordable.

 

Desarrollando el proceso de vigilancia como competencia estratégica, la empresa está en condiciones de detectar sistemáticamente las nuevas oportunidades. Estas surgen en diversas formas, como problemas no resueltos, como necesidades insatisfechas –incluso aún no expresadas-, como cambios en el entorno económico-social, o en forma de nuevos conocimientos y/o tecnologías. Las oportunidades de innovación más evidentes son los problemas existentes, puesto que éstos, como apuntaba Peter Drucker se manifiestan por si mismos con fuerza y concreción. El resto de oportunidades son menos obvias, por lo que deben ser buscadas proactivamente; sin embargo, cuando se  identifican, suelen abrir campos de alto potencial para la generación de nuevo valor en escenarios con baja competencia.

 

La detección temprana de una oportunidad debe desencadenar en la empresa un proceso creativo y divergente de generación de ideas orientadas a la creación de valor. Pero no siempre las ideas son consecuencia de una oportunidad. En ocasiones, la idea precede a la oportunidad, y debe esperar a que ésta surja para transformase en una realidad de mercado. Esta situación puede ser incluso óptima en un entorno de cambio acelerado, en el que el tiempo disponible para desarrollar ideas a partir de una oportunidad resulta a menudo insuficiente. Es entonces preferible aprovechar ideas previamente maduradas en la propia empresa, o disponibles en el stock externo de conocimiento del sistema de innovación siguiendo esquemas de innovación abierta.

 

Por tanto, sólo cuando idea y oportunidad se entrelazan, surge el verdadero concepto innovador,  en forma de una nueva tecnología, un nuevo producto, un nuevo servicio, un nuevo proceso, una nueva forma de comercialización, e incluso una nueva forma de organización y gestión. Ideas lanzadas sin que exista una clara oportunidad de mercado, u oportunidades faltas de buenas ideas, son situaciones condenadas al fracaso.

 

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Xavier Ayneto Gubert
xayneto@ideas2value.net